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He notado que, en varias ocasiones, cuando se ha intentado de hacer una presentación de la artisticidad de Johannes, se ha exaltado mayormente la capacidad de desarrollar, en su búsqueda abstracta, una producción fuertemente influenzada por los “colores caribeños y de las islas antillanas”. Yo estoy convencido que tales afirmaciones sean extremamente limitantes: en efecto, viajando por el entero escursus artístico son fácilmente descifrables, por eso las consideraciones deducibles son más complejas. Primero que todo es esencial puntualizar el hecho que Johannes es un verdadero autodidacta, que encontró su “vocación publica” en una edad no juvenil.

 

Sus búsquedas conceptuales, mientras que por la gran parte de los artistas provienen en muchas ocasiones de acercamientos con el arte del pasado y con el estudio del presente, para él se desarrollan y provienen de experiencias de su misma vida: desde temprana edad Johannes ha tenido experiencias difíciles, complejas y sufridas, debido también a relaciones familiares al limite de la violencia, que dejaran para siempre marcas y cicatrices (hoy todavía son bien evidentes en su interior) todo esto se mezcla a una innata y culta sensibilidad hacia las grandes problemáticas que conciernen el mundo. Obligado a trabajar desde muy joven ha pasado por una infinidad de actividades, desde mesero, asistente en hospitales, vendedor de periódicos, a piloto de grandes aviones. Estas experiencias las hizo alrededor del mundo, de aquí su visión y conocimiento internacionalizado. Todo esto fue siempre acompañado positivamente de un incesante placer del dibujo realista figurativo, usando el lápiz como expresión de una innata dotación y capacidad expresiva, gobernada a delinear en particular retratos, figuras y momentos de vida para grabar. Es justo e importante subrayar que Johannes es un artista que sabe dibujar muy bien y que sabe en cualquier momento, con una fuerte expresividad gráfica, representar realisticamente lo que ve. Sus primeras experiencias con los colores a óleo y pinceles y por lo tanto al pasaje y al abstractismo es un recorrido legendario y rápido, increíblemente interesante y sugestivo.

 

Estoy casi convencido que para el es un acercamiento casi inconciente, pero para podernos entender y consecuentemente identificar con parámetros reconocibles, lo quiero acercar al periodo del “pointillisme”. Un impresionismo ligado a paisajes y ambientes representados, acostando en la tela los colores puros sin mezclarlos, a través de puntitos y no pinceladas. Son obras donde es aparente en su voluntad de olvidar el propio pasado, la búsqueda de exprimir el sueño de su futuro, es la explosión positiva del placer de descubrir la capacidad connatural del uso de la técnica pictórica. Es un encuentro lleno de luminosidad en donde es apreciable el principio de la recomposición de las tonalidades esfumadas a través de la retina del observador. Queda seducido y es aquí donde Johannes empieza a profundizar la técnica y la expresividad que lo llevará a un búsqueda mas evolucionada, identificable, siempre para entendernos, en un divisionismo avanzado en donde los puntos que en la tradición se hacían filamentos convulsos que se sobreponen , para el ahora, se trasforman en “cruces”. Y este es otro momento importante de crecimiento, si el pointillsime se conectaba a su momentáneo positivismo, la nueva formula divisionista se trasforma en una especie de antitesis. Johannes deja de copiar lo que ve, su arte se vuelve hacia una función intelectiva con formas y colores de la realidad; de esta forma renuncia a la esperanza de volver a encontrar en el mundo exterior el cuadro ya hecho y dibuja su verdad del arte alejada de la falsificación de la realidad. Es clara la reevaluación de la filosofía de Schopenauer según la cual el mundo fenoménico es considerado pura apariencia, mientras la sola contemplación artística nos hace consentir el contacto con la verdad. Es el momento en donde Johannes se refugia en la interiorización arte/naturaleza que en sus diversas colecciones interpreta con modalidad y evidenciaciones diferentes, acentuando el significado simbólico y evocativo hacia temas sobre problemas sociales, trágicos. Y es aquí que el continua a coger esa parte de la ciencia, que en vez de orientarse a sanar la tristes condiciones de las masas, se trasforma en un medio para entender y meditar sobre la explotación y la destrucción (los ejemplos mas eclatantes es la serie “Niños de la guerra” “Somos muchos” Mujer u objeto”). En todo este mundo interiorizando aparece su convulsa juventud, con todas las esperanzas y deseos inalcanzables “Mi mundo azul”.

 

Los sueños quedan unidos solamente gracias a las estimulaciones hacia el propio crecimiento, hacia la condición casi obligada de exprimir sus sentimientos, su rabia y su participación al sufrimiento (Los monstruos del Quijote). Es en este mismo periodo de gran tensión y angustia interior, que sus colores empiezan a atenuar y aquello que superficialmente se identificaba como caribeño y antillano se convierte, a través de la homogeneidad y la prevalencia de los grises y contrastes entre el negro y el blanco (el color solo sirve para exaltarlas), en otro momento sobresaliente de la experiencia pictórica de Johannes. Hay un delicado acercamiento a un estilo realistico simbólico, la cruz divisionistica se alarga y pierde organicidad, repetición y continuidad, ahora se inclina al figurativo y se manifiesta violentamente y con gran especificidad para delinear los desolados paisajes de New York con la serie “Metrópolis”. Aquí las directrices, que conciernen el espacio, se mueven convulsas superando hasta los límites de la tela blanca, se parten, y se convierten en esculturas planas, se propagan hacia lo disponible, pedazos de madera se vuelven arte y en este frenesí, con una velocidad de ejecución, su pintura se hace acción, la obra se convierte en su globalidad no solo estimulación hacia la contemplación de la imagen pero también sonido y olor.

 

Tengo la seguridad que la intensidad conceptual, la expresión violenta y cruda, con un estilo artístico del Outsider-Art., lo hace entrar vigorosamente y con absoluta autenticidad en un nuevo periodo, que por muchos todavía es desconocido, pero que yo he tenido la gran suerte de conocer. Es una serie de grandes obras, metros de metros cuadrados de tela, en donde todo se hace complejo, hasta el montaje en marcos especiales, obligado a pintar en el suelo de su estudio. Estas obras presentan un fondo monocromo encima del cual se cruzan formas libres, que se trenzan y se mezclan para dar vida a figuras y a geometrías escondidas, se mueven en un escenario imaginario en una expresión violenta y con un estilo crudo representando la intimidad, el miedo y el inconciente indefinido y fantástico. Creo que es uno de los momentos de mas elevada exteriorización del propio pensamiento y de la propia interioridad, aquí ya prevale la individualidad del artista afuera de cualquier esquema, en juego pone la personal existencia en donde logra dirigir sus peculiares emociones, su energía vital y de las propias ideas ya extrañas a la convencionalidad. Ahora la obra de Johanes se revela como el espacio de la contemplación y del activo envolvimiento, donde la fantasía reina soberana, a través la cual se percibe fácilmente los atributos cultos del simbolismo de sus trazos cupos…encima de la realidad…el encanto se muestra irreal y la irrealidad del arte que cambia continuamente..... así como él.

 

Irene & Luciano Rossi